Dormir, tener tiempo propio, sostener vínculos significativos, sentirnos seguros o realizar un
control antes de que aparezca un síntoma son aspectos que también construyen salud. En la
Semana del Bienestar de las Américas, una invitación a reconocer aquellas dimensiones del
cuidado que suelen pasar inadvertidas.
Cuando pensamos en cuidar nuestra salud, probablemente aparezcan algunas respuestas
casi automáticas: alimentarnos de manera saludable, realizar actividad física o consultar
frente a algún síntoma. Sin embargo, nuestro bienestar también se construye a partir de
factores menos evidentes: tener tiempo para descansar, sentirnos parte de una comunidad,
contar con alguien a quien recurrir, disponer de momentos propios y ocuparnos de nuestra
salud aun cuando nos sentimos bien.
El tiempo promedio diario que las personas que realizan trabajo no remunerado destinan a
esas tareas en Argentina es de 5 h 18 min.
“Muchas veces asociamos el cuidado con acciones concretas que realizamos por nuestra
salud. Sin embargo, existen dimensiones menos visibles que también la sostienen: cómo
descansamos, cómo nos vinculamos, cuánto tiempo podemos dedicarnos o si contamos con
una red de apoyo. Ampliar esa mirada nos permite comprender que el bienestar se construye
todos los días y en muchos más espacios de los que imaginamos”, señala Ailín Catalá,
especialista en Comunicación y Salud y jefa de Comunicación Institucional de OSPEDYC.
Un relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de
Psicología de la UBA, de 2025, mostró que el 60% de los argentinos tenía dificultades para
dormir.
El tiempo es una de esas dimensiones que pocas veces pensamos en términos de salud.
Necesitamos tiempo para dormir, alimentarnos, movernos, compartir con otras personas,
realizar controles médicos y, también, simplemente descansar. Sin embargo, en una
cotidianeidad atravesada por responsabilidades laborales, familiares y domésticas,
encontrar esos espacios no siempre resulta sencillo. Pensar el bienestar exclusivamente
desde las decisiones individuales deja afuera una cuestión fundamental: no todas las
personas cuentan con las mismas posibilidades ni con el mismo tiempo para cuidarse.
“El tiempo destinado al cuidado no debería pensarse como tiempo perdido o como aquello
que hacemos cuando terminamos con todas nuestras obligaciones. Descansar, encontrarnos
con otros, realizar un control de salud o disponer de un momento propio también son formas
de cuidar nuestra salud”, destaca Catalá.
También existe un cuidado cuyos resultados muchas veces no llegamos a ver: la prevención.
Realizar controles según la edad y los antecedentes personales y familiares, mantener
actualizado el calendario de vacunación, cuidar la salud bucal o consultar frente a cambios
físicos o emocionales permite conocer nuestro estado de salud, identificar factores de
riesgo y actuar oportunamente. Prevenir implica cambiar la lógica de ocuparnos de nuestra
salud únicamente cuando aparece el dolor o la enfermedad. Cuidarnos también es hacerlo
cuando nos sentimos bien.
A esto se suma una dimensión que durante mucho tiempo recibió menos atención: nuestros
vínculos. Tener a quién llamar, compartir una conversación, sentirnos escuchados o formar
parte de una comunidad también influye sobre nuestra salud. La Organización Mundial de
la Salud (OMS) estima que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad y
advierte que la desconexión social puede tener consecuencias tanto sobre la salud física
como mental.
La OMS estima que las muertes anuales asociadas a la soledad llegan a las
871.000.
Los vínculos significativos no dependen solamente de cuántas personas nos rodean, sino de
la calidad de esas relaciones y de la posibilidad de sentirnos acompañados, comprendidos y
parte de algo. La familia, las amistades, el trabajo, la escuela, el barrio o los espacios
comunitarios pueden constituirse en redes que sostienen nuestro bienestar cotidiano.
“Pensar el bienestar de manera integral también significa dejar de verlo como una
responsabilidad exclusivamente individual. Nuestra salud está atravesada por los vínculos
que construimos, los entornos que habitamos, el tiempo del que disponemos y las
oportunidades que tenemos para cuidarnos. Promover bienestar también es generar
condiciones que hagan posible una vida más saludable”, concluye Ailín Catalá.
Quizás muchas de las cosas que nos hacen bien sean justamente las que menos vemos.
Dormir, disponer de tiempo, encontrarnos con alguien, realizar un control antes de
sentirnos mal o pedir ayuda cuando la necesitamos pueden parecer acciones cotidianas,
pero forman parte de aquello que sostiene nuestra salud todos los días. Reconocerlas,
valorarlas y hacerles lugar también es bienestar.
